agosto 01, 2008

No quedan machos en Ciudad Gótica

El último film de la saga reflotó el debate acerca de la homosexualidad del hombre murciélago. Son furor en el cine y en los sitios gays.
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Batman y Robin andaban juntos, siempre, siempre con calzoncillos a la vista.
Todos eran felices en 1954, o casi. La industria de la historieta de superhéroes atravesaba una crisis, pero los héroes principales todavía vendían. Entonces, alguien acusó –¿se puede acusar a alguien de eso?– a Batman de gay, cuando “gay” no era la palabra sino “homosexual”, y “homosexual” era una malísima palabra. Más de cincuenta años después, la lectura homosexual de Batman parece estar otra vez a la orden del día: la reformulación del personaje llevada a cabo por Christopher Nolan en Batman inicia y, especialmente, en Batman. El Caballero de la Noche, retrotrae al encapotado a sus orígenes. Por eso, la cuestión sobre la homosexualidad del murciélago volvió a aparecer en varios sitios web de y para público gay: la polémica la disparó la página www.bilerico.com, de Estados Unidos, y rebotó en múltiples publicaciones.

En las primeras historietas, publicadas en 1939, el hombre-murciélago pateaba cabezas y baleaba criminales sin problemas. Pero al poco –demasiado poco– tiempo, el autor Bob Kane le adosó a Robin. En principio no hubo problemas: los trajes ajustados con el slip por fuera de las calzas no eran –no parecían– más que un detalle fantástico y colorido. Y llegó, repitamos, 1954, cuando un fantasma recorría Estados Unidos: el de la degradación moral causada por el enemigo comunista. Toda cosa que desafiara los family values de la era Eisenhower era “comunista”. ¿Y dónde estaba el insidioso enemigo que podía atacar en cualquier momento? Gracias a un psicólogo llamado Frederic Wertham todo el mundo lo supo: en las historietas que los pobres e inocentes niños tenían constantemente en sus manos. Esos colores chillones, esos trajes fantasiosos ocultaban toda clase de pecados y perversiones: especialmente la invitación velada pero no tanto a la pederastía criminal.

El núcleo era, justamente, Batman. El tipo vivía en un mundo masculino cuyas dos figuras eran el mayordomo Alfred y el joven Dick Grayson (o sea, Ricardo Tapia, o sea, Robin), adolescente eterno fascinado por el héroe. Batman y Robin andaban juntos, siempre, siempre con calzoncillos a la vista, siempre ocultando esa “otra vida” que jamás podía volverse diurna. Wertham escribió un libro, Seduction of the Innocent (ver recuadro), donde clamaba que la delincuencia juvenil no tenía que ver con condiciones sociales o represiones varias, sino lisa y llanamente con los comics. Lo gracioso es que el análisis del subtexto gay de Batman, si bien escrito para generar alguna clase de censura, resulta interesante si no acertado: Batman y Robin vivían juntos en un lugar lujoso, con la asistencia de un viejo mayordomo; ninguna mujer aparecía en sus vidas, compartían habitación, jugaban a los disfraces. Para colmo, esa doble vida mostraba tendencias violentas y compulsiones neuróticas. El diagnóstico era que Batman y Robin provocaban deliriantes, homoeróticas perversiones en los párvulos.

Desde entonces, en Batman se eclipsó el personaje de Alfred, aparecieron tías y llegaron Gatúbela (1956) y Batichica (1961). Las ventas de comics se fueron a pique: el libro de Wertham disparó una investigación del Senado estadounidense dirigida por el ultraderechista Estes Kefauver, y luego a un “código de moral” autoimpuesto por la industria que cercenó toda libertad expresiva. El género y el murciélago no se recuperaron hasta los 60, cuando la revisión paródica de la tv –que se hacía cargo de la inocencia gay del asunto– demostró que nadie cambiaría su orientación sexual por ver a un señor con minishorts y que, si así fuera, tampoco era tan grave. Ahora que Batman volvió, alguien debería hablar del maquillaje del Guasón o discutir si la violencia no es un juego mutuo –y un poco enfermito, si quieren– de seducción.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre ha sido asi, un batman y robin puñales.

Como siempre.

Ahora le quitan a Robin para que parezca que ya no le gusta el atole con el dedo.

jajajaja.

Anónimo dijo...

La 'Seducción del Inocente' era un libro que tenía la premisa del 'mataperros', de ahí que se le quedara el mote de una supuesta homosexualidad.

Y la serie sesentera no hizo mucho por revertir esa imagen, tomando en cuenta que los productores también eran gays.

Anónimo dijo...

EL SUPER HEROE NO SOLO ES SUPERIOR FISICAMENTE SINO MORALMENTE PERO SIEMPRE HABRA QUIEN LE BUSQUE LO NEGATIVO PARA JUSTIFICARSE A SI MISMO ( PREGUNTENLE AL PEJE),AUNQUE NUNCA A CUADRO SE LE VIO TENDENCIA ALGUNA A ESTE PAR HUBO QUIEN VIO LO QUE LA NORMALIDAD DE LA GENTE NO VIO



THUNDERCRACKER

Anónimo dijo...

POR CIERTO NADIE HASTA MILLER ACUSO AL JOKER DE JOTO CUANDO ES UN PERSONAJE EVIDENTEMENTE RARITO

T C